Ya es otoño (no sólo en El Corte Inglés)

Lo primero que iba a hacer es reflexionar sobre lo mal planificados que están los años. Es decir, los años deberían comenzar en septiembre. Todo empieza, todo vuelve, en septiembre. Creo que supone un cambio entre la “paz” estival y la vuelta a las obligaciones, a trabajos, estudios, etc. El curso político comienza en septiembre, el fútbol empieza en septiembre, la televisión empieza en septiembre (si de normal es mala, en verano…), el mal tiempo empieza en septiembre… bueno, creo que ya me entendéis por donde voy. Es decir, que deberíamos celebrar el fin de año el 31 de agosto. Fin de año y fin del verano. La verdad que sería una gran fiesta y con mucho más sentido que la del 31 de diciembre, creo yo.

Después de esta “soplapollez” de reflexión paso a enlazar lo anterior con lo del mal tiempo. Siempre se dice que el tiempo, los fenómenos meteorológicos, nos influyen. Nos condicionan en nuestro “humor”. Sin duda estas últimas semanas de septiembre así han sido para mí. Al menos a nivel musical. No es que haya música para determinadas épocas pero si que hay discos que quizá se oyen mejor, también depende del oyente, en según que momentos. Eso me está pasando a mí. Yo noto el cambio al otoño en una serie de discos que estoy escuchando nuevamente. Algunos suelen ser habituales en esta época como los de The Cure. Estas últimas semanas he estado, de hecho estoy, escuchando bastante el “Disintegration”, fundamentalmente; el “Bloodflowers”; y el “Faith”.

También estoy bastante “dylaniano”. Así estoy oyendo dos de mis discos favoritos del de Duluth como son el “Blonde On Blonde” (vale es tan bueno y tiene tanta variedad que se puede escuchar con gozo en cualquier época del año) y el “Time Out Of Mind” (este sí que tiene un tono desencantado que tira para atrás). Como estáis comprobando son discos de perfil tristón, y la cosa no mejora. Por qué con la gira de Leonard Cohen he vuelto a escuchar algunos de sus discos, como el “New Skin For The Old Ceremony”, que tampoco son la alegría de la huerta.

Ya véis que hay mucho “clasicote”, y es que no hay nada como recuperar a los viejos maestros para ver lo buenos que eran, que son en muchos casos. Pero eso no quiere decir que no esté escuchando discos más actuales. De los de este año, el que más llevo escuchado estos últimos meses es el “Veckatimest” de Grizzly Bear, algo de luz ante tanto ¿pesimismo? anterior. Y otro disco es el “You And Me” de The Walkmen, este disco que el año pasado ya me gustó y que volviéndolo a oír ahora aún lo estoy disfrutando más (que gran sección rítmica tiene).

Lo que digo (lo que se dice), que el tiempo influye en las personas. En su “humor” al menos (en el mío está claro que sí). Y así, como el que no quiere la cosa, he realizado, sin que quede muy evidente, una serie de recomendaciones para este otoño que se aproxima. Que ya está aquí.

PD. Me parece adecuado terminar con esta canción.

Anuncios

Fleeting Joys

“Por alguna razón que se me escapa, California ha sido siempre el gran semillero del shoegaze en Estados Unidos: en ningún otro estado se ha producido una concentración semejante de grupos, sellos, clubes y fans alrededor de las guitarras enmarañadas y las vocecitas cándidas; en ninguna otra parte han mantenido el tiempo congelado con tanto cuidado como allí. Y sin embargo, cuando ha llegado la hora de que el género viviera un revival a nivel global, se han quedado callados, mirando cómo sus colegas neoyorquinos (The Pains Of Being Pure At Heart, Asobi Seksu, A Place To Bury Strangers) se llevaban las flores y los parabienes. Las razones, claro, son comerciales: después de todo, y aunque en la prensa se insista en la filiación shoegaze de todas estas bandas, la verdad es que en su mayor parte transitan por territorios más cercanos al twee y al indie pop británico de finales de los noventa. Es decir, que en sus canciones prevalecen las melodías por encima de las texturas, importa más el gancho del estribillo que el desarrollo climático. Algo que no es necesariamente malo, pero que desde luego facilita la venta del producto.
Fleeting Joys, en cambio, es una banda que trabaja antes con los sonidos que con las estructuras. Los riffs de guitarra que utilizan suenan herrumbrosos y avanzan a trompicones (ese efecto ‘cinta de casete que se atasca’, heredero del “Loveless” por línea directa), sumergen a las voces y baterías en el interior de un torbellino de ruido e interferencias. Además, muchas de sus canciones eluden el clásico concepto de estribillo, sustituyéndolo por violentos accesos guitarreros, construyendo estructuras lineares en las que se suceden distintas variaciones sobre un mismo motivo (la canción que abre “Occult radiance”, la estupenda “You are the darkness”, es un perfecto ejemplo de esto), o incluso construyendo falsos estribillos, que derrumban el tempo de la canción en vez de acelerarlo (como sucede en “Closer to my world without pain”, que arranca y se frena de manera continua). Fleeting Joys, en fin, es una banda ‘incómoda’ de escuchar; una banda que, a diferencia de los nombres que comentábamos más arriba, se esfuerza en enterrar sus arrebatos pop detrás de una producción legañosa, saturada de capas y más capas de guitarras.
Paradójicamente, es esa maraña sónica, esa auténtica devoción por el sonido clásico del shoegaze, la que ha motivado que los sellos muestren reparos ante la propuesta de Fleeting Joys. Su primer disco, el (también) excelente “Despondent transponder” (06) tuvo que ver la luz en su propio sello, Only Forever. Y para que “Occult radiance” aterrizara en las cubetas, la banda tuvo que emigrar a Japón, donde el disco se publicó en enero de este mismo año. En el resto del mundo hemos tenido que esperar ocho largos meses hasta que la banda se ha convencido de que no quedaba más remedio que reactivar de nuevo su sello. Demasiado tiempo para un disco redondo y adhesivo; lo mejor que va a dar el género en 2009, a menos que san Kevin Shields ponga cartas en el asunto. Cosa bastante dudosa, por cierto. Vidal Romero” (Crítica extraída de la revista GO – MAG nº 103, septiembre de 2009)

Quería hablar un día de Fleeting Joys y hete aquí que Vidal Romero ha publicado una muy buena crítica en la GO – MAG de este mes (es uno de los críticos de esa publicación que más me gustan junto con Javier Blánquez, Half Nelson y Gloria González). Y como suscribo gran parte de lo que dice que mejor poner sus propias palabras. Solo terminar diciendo que sí, se parecen bastante a My Bloody Valentine. Pero que, afortunadamente, no son iguales. Y es que ahora no voy a ser yo el que ponga vallas al campo. Por que, ¿acaso no se parecían Interpol a Joy Division; o Clap Your Hands Say Yeah a Talking Heads; o The Strokes a la Velvet; o The Libetines a todo el punk-rock inglés, o The Pains Of Being Pure At Heart a Jesus And Mary Chain con menos chicha; etc? Aquí se rinde tributo casi canónico a un estilo, el shoegazer (del cual My Bloody Valentine son el máximo exponente). Y la gran verdad es que el disco está muy bien.

(Otros) 10 discos de los noventa.

Los blogs están hechos para que los que escribimos en ellos nos hagamos los “guays” o enterados poniendo nuestras preferencias en cualquier campo de la vida. Normalmente sirven para que nos hagamos nuestras “pajas” mentales en el campo de la música (probablemente el tema que copa mayor número de blogs), en el que intentamos demostrar que somos más interesantes que nadie cuando, en realidad, tenemos todos gustos muy semejantes y canónicos. ¿A qué viene esto? Pues para poner sobre aviso respecto a esta lista. “¿Otra lista?” dirá alguno, pues sí. Porque si algo, también, nos gusta a los bloggers son las listas. Aquí voy a volver a hablar de los noventa. Voy a volver a hacerlo por que hace tiempo una de las primeras listas que hice fue sobre esta década. Esta lista es un complemento a esa. Otros diez discos cojonudos de los noventa. Sobre el porqué elegir los noventa lo dije en la anterior lista y no hace falta que me vuelva a repetir. Sobre los discos, pues lo dicho al principio. No descubro nada y me dedico, fundamentalmente, a regocijarme diciendo lo buenos que son (aunque muchísima gente lo sabe). Pero es que es verdad, he disfrutado bastante con estos discos.

Bueno sin más preambulos ahí van, otros diez discos de esa década que vivió sin Facebook:

  • Teenage Fanclub – Bandwagonesque (1991): La banda escocesa lo clavó en su tercer disco. Melodías pop herederas de los Beatles pero mezcladas con buenos toques de noise. Grandísimas canciones como “The Concept”, “December”, “Star a Sign”, “What Do You To Me” o “Alcoholiday”. Luego irían puliendo su estilo hacía un pop más clásico pero igual de interesante (véase el disco “Songs For Northern Britain”, 1997). Pero este disco queda como el clásico en un tiempo en que el Grunge iba a dominar todo.

  • Suede – Dog Man Star (1994): Que decir de Suede que no haya dicho otra gente. Pues que fueron de lo mejor del “brit-pop” con diferencia (junto con Pulp); que sus principales influencias eran el glam y Bowie; y que este disco es su obra cumbre. Concebido como una especie de “opera-rock” con canciones como “We Are The Pigs”, “The Wild Ones”, “Daddy´s Speeding”, “The Asphalt World” o “Still Life”. Como diría Schuster “no hase falta desir más”.

  • Blur – Parklife (1994): El disco que catalputó a Blur se oye hoy igual de bien que en su día, sino mejor. Se trata de un catálogo de algunas de la mejores referencias de la música inglesa popular, donde se puede ver la influencia/homenaje de grupos o solistas como los Beatles, Kinks, Bowie, The Clash, The Who, Paul Weller, Happy Mondays, etc. Buenísimos temas como “Parklife”, “Girls And Boys”, “Badhead”, “To The End”, “Jubilee” o “This Is A Low”.

  • Pavement – Crooked Rain Crooked Rain (1994): la mayoría elegiría, o suele elegir, el “Slanted And Enchanted”. Pero a mí me gusta más este. Tan bueno como el anterior; con la misma actitud despreocupada; con esas referencias al low-fi, la Velvet o los Pixies; y, claro, canciones como “Silence Kid”, “Elevate Me Later”, Cut Your Hair”, “Newark Wilder” o “Fillmore Jive”.

  • PJ. Harvey – To Bring You My Love (1995): ¡Que Buena es PJ! En los noventa se “casco” dos discazos, el anterior “Rid Of Me” y este. Este suena áspero y rudo (con un aire blues), como el anterior, pero también con toques más sutiles. La producción de Flood le va perfecta. Temazos como “To Bring You My Love”, “Me Ze Monsta”, “C´Mon Billy”, “Long Snake Moan” o “Down By The Water”.

  • Pearl Jam – No Code (1996): Se habla mucho de la influencia de Neil Young en este disco. Y es cierto. Pero no es menos cierto que en el sensacional “Vitalogy”, otra piedra angular dentro de su discografía, ya había trazas de lo que iba a venir. Rock que bascula entre lo eléctrico y lo acústico, con más libertad en el desarrollo de canciones, con influencias orientales en las estructuras y algunas letras, etc. Todo reflejado en “perlas” como “Sometimes”, “Hail Hail”, “Who You Are”, “Off He Goes”, “Present Tense” o “Around The Bend”.

  • Wilco – Being There (1996): Ahora Wilco son la hostia. Son una de las bandas más famosas e importantes de esta primera década del siglo XXI. Pero en los noventa también eran buenos, muy buenos. En este disco doble hay muchas de las cosas que después han catapultado a Wilco en esta década. Un tratado donde ya encontramos folk con toques experimentales (“Misunderstood”); pop rock para radioformula (“Monday”); folk de toda la vida (“Far Far Away”, “Kingping”, etc); pop (“Red-Eye And Blue”, “Say You Miss Me”); rock beodo que parece sacado del “Let It Bleed” de los Rolling (“Dreamer In My Dreams”); y, en general, una serie de canciones fantásticas (“Sunken Treasure”, “Hotel Arizona” o “Forget The Flowers”).

  • Spiritualized – Ladies And Gentleman We Are Floating In Space (1997): Discazo increíble del que hace unos meses ya hablé en una retrospectica de Spiritualized. Nada más que decir.

  • David Holmes – Let´s Get Killed (1997): Ahora la fórmula de David Holmes puede parecer algo manoseada por tanta banda sonora para películas. Pero en su día sonaba realmente novedosa y fresca. De hecho, en muchos momentos, aún lo hace. Mezclando en sus canciones bases soul, funkys, hip-hop o drum and bass con grabaciones anónimas de gente de la calle. De esta forma consigue un “collage” sonoro interesantísimo. Se supone que iba a ser la banda sonora de una película ficticia de Holmes, aunque al final muchas de sus canciones terminarían desperdigadas en muchas pelis de Soderbergh. Grandes temas a destacar como “My Mate Paul”, “Let´s Get Killed”, “Gritty Shaker”, “Rodney Yates” o “Don´t Die Just Yet”.

  • Mercury Rev – Deserter´s Songs (1998): Para esta última elección estaba entre mis reverenciados Flaming Lips y estos. He escogido a Mercury Rev porque ahora que llevan tiempo que sus “acciones” cotizan a la baja mucha gente ha olvidado lo majestuoso de este disco. De hecho, preludia lo que después harían los Lips en el maravilloso “The Soft Bulletin”. Aquí empieza la primera piedra en lo que se ha llamado “toque Fridmann”. Dave Fridmann, miembro de la banda y productor del disco, empezaría aquí la carrera que le ha llevado a ser uno de los mejores, sino el mejor, productor de la actualidad. Con unas orquestaciones que suman, el disco tenía gemas como “Holes”, “Tonite It Shows”, “Opus 40” o “Delta Sun Bottleneck Stomp”.

    Bueno pues hasta aquí llega todo. Así se pasa una sobremesa de domingo.

    (La gran mayoría de los discos tienen enlaces a Spotify pinchando en la foto de la portada).