La comicteca: Torso

Hablar de Brian Michel Bendis (Cleveland, Ohio, EE.UU, 1967) en la actualidad es hablar de uno de los guionistas más conocidos dentro del cómic mainstream estadounidense, pero también uno de los que más polémica genera respecto a la calidad de sus trabajos. Para mi no cabe duda de que el tipo sabe hacer su trabajo y cuando quiere (Daredevil, Alias o Powers) lo hace muy bien. Pero estoy hablando del ahora y para hablar de esta obra hay que retroceder 10 años. Entonces Bendis era un guionista y escritor de novela negra o policíaca que empezaba a generar interés por sus trabajos Jinx o Goldfish. Es en esta época cuando realiza el cómic del que hablo hoy.

Torso esta basado en hechos reales. Narra la historia de la persecución del primer asesino en serie de los Estados Unidos en la ciudad de Cleveland. Es lo que se conoce como la “leyenda negra” de Cleveland. Bendis natural de la zona conocía la historia, además trabajó -raelizando historietas- en uno de los periódicos de la ciudad que tenía un gran fondo documental sobre la historia que después iba a narrar, lo que le permitió documentarse bien. Lo de Torso viene porque las víctimas aparecían descuartizadas, el asesino solo dejaba practicamente el torso de las mismas (sin manos, pies y cabeza) haciendo su reconocimiento casi imposible. Nos narra como un recién llegado Eliot Ness -tras su paso por Chicago- tiene que ocuparse de este caso debido a la presión social y la popularidad que alcanza el mismo (cuando teóricamente había sido contratado para limpiar el departamento de policia de la corrupción que sufría, en lo que se suponía que iba a ser el inicio de una carrera política a la alcaldía). Para ello colaborará con los detectives asignados al caso, los detectives Walter Myrlo y Sam Simon.

Bendis ayudado por su amigo y guionista -también originario de Cleveland- Marc Andreyko, realizan una crónica negra que va más allá de la mera detención del asesino. Vemos la corrupción, la pobreza de algunos barrios, vemos como la policía no sabe muy bien hacía donde ir o como resolver el caso (esto no es CSI), los dilemas morales a los que tienen que enfrentarse de muchos de sus personajes, etc. Aunque parece que el protagonista tenga que ser Ness, son los detectives Myrlo y Simon los que llevan gran parte del peso del retrato. Son los que hacen de personajes identificativos del lector (personajes reales, no lo olvidemos), aunque Ness tiene también gran peso y vemos como su figura muestra sus luces y sombras (más allá de la estatura mítica que le otorgó “Los Intocables“).

La obra tiene gran parte de las características que han hecho popular -u odiado- a Bendis. El uso de la secuencia sin textos de apoyo, su habilidad para los diálogos (aunque a veces se le acuse de abusar de esta característica), el gusto por los interrogatorios (se nota que le encanta el desarrollarlos), la repetición o el plano contra plano (repite muchas planchas de dibujo en las conversaciones, un vicio que ha impuesto a la mayoría de dibujantes que han trabajo con él), las particulares composiciones de página (en algunos casos acertadas, en otros dificultando la lectura), etc. Todas estas características se encuentran en esta obra, en la que el propio Bendis se encarga del dibujo. Utiliza un muy apropiado blanco y negro, que va a la perfección con la estética de la obra y esconde sus evidentes carencias. Utiliza algunas imágenes o extractos documentales reales en sus páginas, lo que me parece un acierto. Al final de la obra tenemos un apéndice con más documentos y fotos de la época sobre este caso.

En fin una obra 100% Bendis, con sus aciertos y sus fallos pero -en general- una obra notable. Esta obra ganó un premio Eisner en 1999 y le supuso su salto al cómic mainstream ya que le gustó tanto a Todd McFarlane que lo fichó para su serie Sam & Twitch (después vendría su paso a Marvel y el convertirse en el guionista fetiche de la compañía en la actualidad).

En la web de Planeta DeAgostini o en librerías especializadas podéis encontrarlo.

La comicteca: Cuaderno de viaje

La siguiente obra de la que pensaba hablar en la comicteca iba a ser la maravillosa Blankets, la novela gráfica de Craig Thompson (EE.UU, 1975). Pero este fin de semana fui a la biblioteca a coger un par de cómics; y uno de esos cómics ha sido Cuaderno de viaje de Thompson. Se trata de la obra posterior a Blankets; una obra menor pero que obra menor. Ayer empecé a leerla por la noche en la cama y ya no pude parar hasta leerme enteras sus 224 páginas.

Cuaderno de viaje es eso mismo exactamente. Como el mismo Thompson explica en su introducción -y a modo de disculpa- “Este no es ‘mi siguiente proyecto’ sino más bien una obra secundaria y autocomplaciente. Un sencillo diario de mi viaje por Europa y Marruecos, del 5 de marzo al 14 de mayo del 2004“. Pues eso es, un recorrido de estampas, hechos y personajes durante el periodo que narra Thompson. Vemos su andadura desde que llega a Lyon (Francia) a casa de unos amigos; pasando por sus estancias en París (para cumplir con obligaciones profesionales); en Marruecos para documentarse para la que tiene que ser su próxima obra Habibi (y es donde tiene los mayores “encontronazos” culturales, vive una especie de relación amor-odio con el país); su vuelta a Francia para su visita a los Alpes además de Montpellier (donde vive -el autor- Lewis Trodheim), Toulouse (donde coincide con otro dibujante/autor, Blutch) o Marsella; para al final terminar en Barcelona con motivo del Salón del Cómic donde disfruta de la arquitectura de Gaudí y la compañía femenina (se lo pasa bastante bien durante su estancia).

Son interesantes las estampas que retrata con sus comentarios y reflexiones. Consigue -en la mayoría de los casos- esquivar los tópicos del turista viajero. Como él mismo dice no deja de lado su autocomplacencia y autocompasión, que -en mi caso- hace que me sienta muy identificado con él (quizá también tenga que ver que cuando hizo esta obra tenía casi la misma edad que tengo yo ahora). Me encantan los “pequeños” detalles, como las visitas o encuentros con compañeros de profesión -y amigos- como Blutch (sus conversaciones sobre las musas artísticas son interesantes), Lewis Trodheim, Charles Burns, Mike Allred, Charles Berberian, etc; o los guiños musicales a Jesus and Mary Chain o The Flaming Lips. También me resulta interesante como lo que es el reflejo de un periodo de tiempo en la vida de una persona en su traslado al cómic parece adquirir su categoría de historia concreta con su inicio y su final, como se dice muchas veces la vida superando a la ficción. Es más a su final parece dejar un especie de mensaje -al menos para mí- de que hay que disfrutar de las cosas de la vida cuando ocurren o como vienen.

Pero todo esto no sería lo que es (¡toma frase redundante!) si no fuera por el increíble dibujo de Thompson. Su dibujo -en blanco y negro- es de un realismo expresionista maravilloso. Su trazo tiene la capacidad de captar de forma personal los rostros y personas anónimas; las arquitecturas (es espectacular como capta Marruecos o la arquitectura de Gaudí); los animales -con gran fijación por los gatitos-; o la naturaleza. El dibujo tiene una fuerza expresiva y una personalidad que hace que me muera de la envidia, lo que daría por dibujar como él.

En fin una obra que a mi me ha encantado, que no deja de ser un mero pasatiempo del autor pero a veces las obras menos pretenciosas son de las que más se disfrutan. Es más, esta tarde tengo pensado el ir a comprármela.

La comicteca: Maus

Las dos obras de cómic que he reseñado hasta ahora no se pueden considerar obras maestras u obras clásicas (es más algunos pueden cuestionar su calidad), aunque -en mi opinión- son notables. Pero la obra que reseño hoy… Esta, amigos, está considerada uno de los clásicos de este medio. Es una de esas obras que dan lustre, que el fan del cómic enseña con orgullo -o presta- al que no ha leído un cómic en su vida o piensa que es un medio infantil. Como pasa con Watchmen, The Sandman, Mort Cinder, Palomar, etc. Es un puntal por premios, por fama y -algo que no hay que olvidar- por calidad.

Maus es la obra de Art Spiegelman (nacido en Estocolmo aunque es estadounidense). Spiegelman es lo que puede considerarse uno de esos autores underground. Su carrera empieza a finales de los 60, cuando el cómic underground explotaba con autores como Robert Crumb o Gilbert Shelton. A pesar de que sus cómics y su figura empieza tener cierta entidad en los círculos comiqueros durante los 70, no será hasta esta obra cuando se convertirá en un referencia a nivel global (yo soy el primero que si no fuera por Maus probablemente nunca me hubiera interesado por Spiegelman). Obra que publica -de forma serializada- a principios de los años 80 dentro de la revista Raw, revista que editaba el propio Spiegelman junto a su esposa, Françoise Mouly.

Maus atesora gran parte de su fama por ser el único cómic que ha ganado el premio Pulitzer en 1992. Premio merecido pero que no quiere decir que no haya habido otros cómics que lo hayan merecido menos que este. ¿Y por qué todos estos premios, este revuelo? Pues porque es un gran cómic, es un enorme cómic.

En este cómic Spiegelman nos narra la historia de su padre -Vladek Spiegelman- durante la Segunda Guerra Mundial y su estancia en Auschwitz. Es la historia de Vladek en los meses previos al estallido del conflicto en Polonia y el posterior desarrollo del mismo hasta la finalización. Narra la historia de amor de su padre y su madre, las historias calamitosas de los campos de concentración, la barbarie de la guerra, lo mísero de la especie humana, etc. Esta obra solo por el hecho de narrar la historia -verídica, no lo olvidemos- del padre de Art en la Segunda Guerra Mundial ya sería una obra enorme, pero tiene una serie de aspectos en su estructura y en la interacción de personajes que la hacen la obra maestra que es. Tiene la característica en su estructura de que mientras narra las aventuras de Vladek, el mismo Art va narrando sus conversaciones con su padre y su dificultad para realizar o afrontar la obra. Estas conversaciones aportan lo que quizá -al menos para mí- es lo más sobresaliente de esta obra, el contrapunto que ejerce la relación de Art y su padre Vladek. La relación padre e hijo, donde se muestra el enorme salto generacional. Donde vemos a Vladek con sus luces y sus sombras, vemos un proceso de descubrimiento de la figura paterna a la par que lo hace Art. Art empieza a descubrir -analizar- a su padre y su relación. Vemos como Vladek a pesar de sus penurias de la guerra, es un personaje arisco, hosco e, incluso en algunos casos, intolerante con otras minorías o etnias. Es un ejercicio sobresaliente y encomiable, Art muestra a su padre -y su relación- sin ambages y sin medias tintas; no pretende ensalzar su historia o su figura. Como bien han dicho en otros artículos, realiza una disección de la psique del superviviente del Holocausto.

En el aspecto técnico Spiegelman dibuja en su habitual blanco y negro, y utiliza caracterizaciones animales para los diferentes personajes. Así los judíos son ratones, los alemanes son gatos, los polacos cerdos, etc. Aunque esto son -o se ven- metáforas evidentes no deja de ser un aspecto, mas o menos, anecdótico de la obra.

En mi caso tengo la edición de hace unos añitos de Planeta DeAgostini, dentro la que fue la colección Trazado. Esta edición estaba medianamente bien pero tenía una serie de fallos: el pixelado de la portada, las escalas de grises del dibujo interior o el no reseñar que la traducción recoge de forma un tanto peculiar los giros idiomáticos de Vladek (que se traduce en una mala conjugación de verbos en la mayoría de los casos). La última edición de Random House Mondadori corrige algunos de estos fallos.

Solo deciros que os hagáis con este cómic, uno de los mejores relatos sobre el Holocausto (en este o cualquier otro medio). Un enorme relato sobre la naturaleza humana, reverenciado por gente del calado como Umberto Eco. No es para menos.

La comicteca: Nuevos X-Men

En la larga historia de Marvel cómics se puede decir que hay tres etapas que se pueden considerar absolutamente clásicas, seminales y vertebradoras de la idiosincrasia de la editorial. Una de esas etapas sería la totalidad de números de Los 4 Fantásticos realizados por Stan Lee y Jack Kirby. Otra los 150 primeros números de Spiderman, realizados por autores como Stan Lee, Steve Ditko, John Romita, Gerry Conway, Gil Kane o Ross Andru. La última de estas etapas sería la realizada por Chris Claremont y John Byrne en La Patrulla X (Uncanny X-Men en EE.UU).

¿A qué viene esto? Esto viene a colación para poner en perspectiva la importancia de los X-Men en el universo Marvel. Es la serie que tomó el testigo, de las otras dos etapas antes mencionadas, como bandera de la compañía. A la marcha de Byrne, Claremont siguió manteniendo un nivel notable con ayuda de dibujantes como Paul Smith, John Romita Jr, Marc Silvestri o Jim Lee. Se convirtió, como he dicho, en el título bandera y la colección más exitosa -por méritos propios- de Marvel. Pero llegó el momento en que Claremont dejó la serie -probablemente viendo el cacao derivado de la ingente cantidad de series derivadas de la serie madre- siguiendo la serie con su popularidad intacta pero siendo de una calidad discutible (cuando no decir nula en muchos casos). Abusando de conceptos repetitivos, personajes que no evolucionaban o macrosagas que no llevaban a ningún lugar (un ejemplo es que una de las sagas más exitosas, y más interesantes todo sea dicho, de todos esos años fuera “La Era de Apocalipsis” que en el fondo no dejaba de ser un enorme “What if“).

Pues con estos antecedentes, hete aquí que llegamos a principios de este siglo. Entonces entra como editor de Marvel Joe Quesada y este le ofrece la serie X-Men (que aclaremos no es la original Uncanny X-Men, sino un título hermano que nació a principios de los noventa para mayor gloria de Jim Lee) a Grant Morrison. Es más, le da libertad absoluta para hacer y deshacer. Grant Morrison (Glasgow, Escocia), para los que no lo sepan, es uno de los guionistas salidos de la segunda hornada de autores ingleses que llegaron a finales de los ochenta al mercado norteamericano. Sus propuestas superheroicas siempre tienen gran carga polémica, manejando conceptos metafísicos en algunos casos (consulten su Patrulla Condenada o The Invisibles) o con un gusto por ahondar en la psicología (o la psique) de los personajes. Por tanto que un guionista de sus características -encima con libertad creativa- aterrizara en una colección como los X-Men (“la gallina de los huevos de oro” de Marvel) era un bombazo. Además venía acompañado por su colega escocés Frank Quitely a los dibujos -con fama creciente tras su trabajo en la rompedora serie The Authority– con quién ya había trabajado en obras como JLA: Tierra 2. Pues con estos mimbres es normal que los lectores se dividieran entre los emocionados por su llegada y los asustados por la misma. ¿Ya podéis adivinar donde me encontraba yo, no? Es más hacía años que había dejado de seguir los cómics de los X-Men y les volví a dar una oportunidad con la llegada de Morrison. Puedo decir que a mí no me decepcionó.

Lo primero que hace Morrison es cambiar la cabecera del título que pasará a llevar el adjetivo “Nuevos” y que en su edición en inglés se podrá leer el logo tanto del derecho como del revés. Lo de “nuevos” le viene perfecto, Morrison parece que decide hacer honor a la naturaleza de la mutación, o sea el cambio. Durante 40 números -más un anual- Morrison inunda la colección de conceptos nuevos e interesantes. Por influencia de la película elimina los coloristas trajes por unas ropas más cercanas a las del film (es reveladora la respuesta de Logan/Lobezno cuando a la pregunta del profesor Xavier sobre que les parecen los nuevos uniformes este responde: “que de pronto no tengo que parecer un idiota a plena luz del día“. O como en otro número nos dicen como triunfan los viejos y coloridos uniformes en la India debido a Bollywood). Pero más allá de cambios derivados del film, Morrison, introduce cambios absolutamente propios como que -¡por fin!- el instituto pase a hacer honor a su nombre, acogiendo a centenares de alumnos (con todo tipo de mutaciones diversas) y pasando los personajes principales a ejercer de profesores/tutores. Además le servirá para introducir interesantes e importantes personajes entre los estudiantes como Pico, Ángel, Quentin Quire o las cuclillas de Stepford; que le sirven para jugar de contrapunto o cuestionar -en muchas ocasiones- a sus profesores. Además de estos introduce más personajes que -al igual que los anteriores- tendrán un peso de importancia en la trama como Cassandra Nova, Fantomex y Xorn. Nos presenta enemigos como los “Hombres-U” una especie de secta que a la luz de la revelación de la escuela Xavier al mundo, deciden que no quieren ser una especie “inferior” por lo que intentarán evolucionar mediante el implante de órganos de otros mutantes (con lo que nos habla de la caza y el tráfico de organos de mutantes por parte de esta secta dirigida por John Sublime). También mete el tema de los “estados alterados” -un tema que le gusta el escocés- con el “Coz” una especie de droga inhalada para mutantes.

A todo esto le suma un ahondar en la psicología y personalidad de los personajes principales. Es interesante la pulsión sexual que otorga a todos sus personajes. Esta es una característica que siempre le gusta introducir a Morrison. Es decir que los personajes -dicho vulgarmente- follan y sienten atracción sexual como cualquier hijo de vecino. También nos los muestra vulnerables y con miedos en otros casos. Todas estas características -psicología de los personajes, miedos, pulsiones sexuales- se ven perfectamente reflejadas en el triangulo que forman el matrimonio de Jean Grey (Fénix) y Scott Summers (Cíclope) junto con el personaje de Emma Frost (Reina Blanca). Siendo uno de los ejes más importantes e interesantes de la serie.

Hay más ideas y conceptos interesantes que explora Morrison. Incluso entronca con etapas clásicas como la de Claremont y Byrne al retomar el concepto de “Fénix”. Pero todo esto os animo a descubrirlo -sino habéis leído esta etapa ya-, en la que es, para mí, la mejor etapa que han tenido los mutantes desde los citados números de Claremont. A pesar de que la serie puede tener, y tiene, algunos altibajos (con arcos argumentales más sobresalientes y otros mucho menos logrados) o algunas sorpresas y tramas no están resueltas de la forma más certera, no resta interés a esta etapa. Etapa que se lee como un todo con su inicio y su final; en la que se percibe una evolución tras la cual las cosas ya no podían ser iguales (aunque luego estas cosas te las deshacen en la editorial como quieren). Etapa que puede leer tanto el lector curtido en los personajes como el que solo los conozca por las películas.

Referirme ahora al apartado gráfico. La serie comienza con Quitely a los lápices, con su estilo tan feísta como espectacular pero demostrando que es un narrador excelente. Pero Quitely no podía cumplir con toda la carga de trabajo por lo que tendrá que ser sustituido por otros dibujantes como el correcto Ethan Van Sciver, el elegante John Paul Leon o el polémico Igor Kordey (su estilo muy feísta recibió muchísimas críticas). Finalmente, Quitely, dejará la serie y diferentes dibujantes se ocuparán de distintos arcos argumentales como Phil Jimenez, de trazo y narración clara; el notable Chris Bachalo (aunque uno echa de menos su estilo de Muerte: El Alto Coste de la Vida o Generación-X donde lucía realmente magnífico); o Marc Silvestri (que para mí realiza un trabajo correctito, y estoy siendo generoso).

Bueno, con todo esto no puedo dejar de recomendar esta etapa (por algo escribo de ella). Después de la misma decidí abandonar los X-Men. Quedarme con este buen sabor de boca, aunque puedan quedar historias por narrar o a pesar de algunos de los parabienes oídos sobre la etapa de Joss Whedon y -el magnífico- John Cassaday. Yo me quedo aquí. Es un buen final, un buen broche.

Panini Cómics ha editado en 7 tomos -dentro de la colección “Best Of Marvel Essentials”- toda esta etapa, podéis buscarlos en cualquier librería especializada.

La comicteca: Lapinot

Tarde de domingo, perfecta para escribir algo aquí y hacer alguna recomendación. Voy a hablar de una de las obras más conocidas del autor francés Lewis Trondheim (Fontainebleau, Francia, 1964), Lapinot. En Lapinot, Trondheim, narra las “aventuras” de un conejo antropomorfizado y sus amigos (todos los personajes son animales antropomorfos) pero que esto no os engañe, la mayoría de las narraciones están llenas de situaciones realistas y cotidianas (aunque alguna vez pueda introducir algún elemento un poco “fantástico”). Es decir utiliza -en gran parte de los álbumes- un costumbrismo bien entendido. Nos describe situaciones que van desde un fin de semana de esquí hasta las relaciones personales entre los diferentes personajes (temas de amistad, pareja, trabajo, etc.) en la mayoría de los casos llenos de mucho humor inteligente pero sin descartar el drama en ocasiones. Aunque en otros casos -los menos- opta por situar a los personajes en otros contextos, épocas y géneros fuera de la continuidad habitual de la serie (que pueden llegar hasta el homenaje a las novelas de misterio, las historias románticas decimonónicas o a Spirou. Todas con un toque irónico, claro está). Estos álbumes mencionados aunque divertidos no dejan de ser -para mi gusto- los más “flojos” de la serie, aunque quiero destacar el realizado con la colaboración de Fran Le Gall, Vacaciones de primavera, una historia realmente divertida. Los álbumes de Lapinot llegan hasta La vida como viene, este último es uno de los tebeos -a opinión de este que aquí escribe- de esta década. Un álbum certero, honesto y que muestra un dominio de los personajes por parte de Trondheim fabuloso. Así pues aunque algunos prefieren al Trondheim más “personal” y autobiográfico de obras como -la también notable- Mis circunstancias o su trabajo de dibujante con Joan Sfar en La Mazmorra, personalmente creo que Lapinot es una de sus obras más conseguidas (y por tanto igualmente personal) que encima se lee de forma muy amena. También algunos han criticado el punto de vista de unos personajes que retratan a una burguesía acomodada francesa, algo que me parece accesorio y que no resta nada a la obra (cuantas series de Tv americanas retratan a una clase media o media-alta y no le damos mayor importancia a este hecho). Describe a unos personajes que pueden ejercer de ejemplos de una parte de la sociedad europea (con sus vicios y virtudes) de fin y principios de siglo de un nivel económico medio. En fin una obra que recomiendo 100%.

Hace unos meses que la editorial Astiberri ha publicado Lapinot y las zanahorias de la Patagonia, tomo que recopila los inicios de este personaje (historias que aún no estaban disponibles en España); en cuanto tenga algo de pasta extra me lo agencio y ya os cuento. Seguro que no me defrauda.

Lista de álbumes:

  1. Slaloms
  2. Coscorrones
  3. Walter
  4. Amor e interinatos
  5. Vacaciones de primavera
  6. De Veras/ El color del infierno (Planeta empezó a publicar los álbumes de dos en dos)
  7. La vida como viene/ El acelerador atómico (hasta aquí llegan los álbumes publicados por Planeta. Con el cambio de derechos de edición de hace unos años no se quién tiene la edición ahora. Aunque en el servicio de cómics Planeta DeAgostini o en librerías especializadas se pueden conseguir)