La comicteca: Muerte. El alto coste de la vida

Hablar de Neil Gaiman (1960, Portchester, Reino Unido) es hacerlo de una de las estrellas de este mundillo. Tipo conocido, con contactos famosetes como Tori Amos, sus obras son reconocidas (en muchos casos por su calidad) fuera de los círculos tebeísticos. Un guionista estrella y todo ello a pesar de que lleva años entregado a sus novelas (“Coraline” o “American Gods“) o a supervisar y/o ceder derechos a proyectos cinematográficos (“Stardust” o la citada “Coraline“). Resultando su trabajo en los cómics esporádico, siempre en proyectos más o menos especiales y, la verdad, lejos de los grandes resultados de sus mejores obras. Como esta de la que me ocupo hoy.

Muerte. El alto coste de la vida” nació como un pequeño spin-off de lo que venía siendo la serie estrella de Gaiman en ese momento, The Sandman. Servía o estaba dentro del despegue de un nuevo sello de DC, Vertigo (por el ya lejano año 1993) que habría de convertirse en uno de los importantes del cómic mainstream norteamericano. En este cómic aparece uno de los personajes secundarios más queridos y apreciados de The Sandman, Muerte. Muerte era la hermana de Sueño (el principal protagonista de The Sandman). Muerte tiene la apariencia de una joven pizpireta de aspecto algo gótico o, como leí en algún sitio, el de una jovencísima Chrissie Hynde. Esta historia, en la que asume todo el protagonismo, cuenta como un día cada cien años Muerte toma cuerpo mortal para vivir como humana. Aquí tiene lugar un día de verano, en la Nueva York de principios de los noventa. La historia narra, con esa forma de cuento para adultos que caracteriza al mejor Gaiman, como Muerte experimenta lo que es la vida; como su presencia marca a algunos personajes (el principal un joven adolescente llamado Sexton Furnival) o despierta la atención de otros seres misteriosos que saben de su presencia y que por un motivo u otro quieren llegar hasta ella. En el fondo el cómic toma el universal tema de que lo bello de vivir está en su aire finito y de que hay que vivir cada momento porque es único. Como bien se expresa en un momento del cómic:

– Oh, fue maravilloso había mucha gente. Respiré y comí… e hice toda clase de cosas. Ojalá no tuviera que acabar así…

– Siempre acaba. Eso es lo que le da valor.

Si en el guión Gaiman está a la altura de sus mejores momentos en The Sandman, en el dibujo tiene un compañero en consonancia. Acostumbrados a la irregularidad de algunos dibujantes en The Sandman, aquí cuenta con Chris Bachalo que realiza uno de los mejores trabajos, sino el mejor, de toda su carrera (es de recibo destacar el entintado de Mark Buckingham y el color de Steve Olif). Con un estilo claro a la vez que personal y expresivo, consigue la imagen definitiva del personaje de Muerte. Además contamos con las habituales y magníficas portadas de Dave McKean, con lo que el conjunto hace un cómic sobresaliente. Uno de los mejores trabajos de Gaiman, que se lee bien sin necesidad de conocer las referencias previas a la serie madre (The Sandman), y una de esas obras de referencia dentro del noveno arte. Con la buena y económica edición de Planeta ya no hay excusa (viene con el extra de una historieta complemento, con Muerte, sobre la utilizacion del preservativo para la prevención del Sida) para hacerse con él.

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