Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.

-Papá -preguntó otra vez Giannina-, ¿por qué dan menos tristeza las tumbas antiguas que las más recientes?

Un grupo más numeroso que los otros, que ocupaba buena parte de la carretera y cantaba en coro sin pensar en ceder el paso, había obligado al automóvil casi a detenerse. El interpelado metió la segunda.

-Es lógico -respondió-. Los muertos de hace poco están más cerca de nosotros y precisamente por eso los queremos más. Los etruscos, verdad, hace tanto tiempo que murieron -y de nuevo estaba relatando un cuento-, que es como si no hubieran vivido nunca, como si siempre hubiesen estado muertos.

Otra pausa, más larga, al término de la cual (estábamos cerca de la explanada contigua a la entrada a la necrópolis, llena de automóviles y autocares) fue Giannina quien dió su lección.

-Pero, ahora que dices eso -dijo con dulzura-, me recuerdas que también los etruscos vivieron y que los quiero también a ellos como a todos los demás.

La posterior visita a la necrópolis transcurrió precisamente bajo el signo de la extraordinaria ternura de esa frase. Había sido Giannina quien nos habia colocado en disposición de comprender. Era ella, la más pequeña, quien en cierto modo nos llevaba de la mano.”

Fragmento extraído del prólogo del libro “El jardín de los Finzi-Contini”


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