Maridos y mujeres

¿Cómo saber que te estas haciendo mayor? ¿Por qué te da por ver obras en la calle?, bueno eso sería porque te estas convirtiendo en un abuelo. No, para mí, saber que te estas haciendo mayor (entrando en la verdadera madurez) es cuando te empieza gustar o entiendes bien “Maridos y mujeres” de Woody Allen.

A ver, desde hace años me gusta Woody Allen. “Annie Hall” es una de mis películas favoritas tiempo ha y siempre me encantaron otras muchas suyas (“Hannah y sus hermanas”, “El dormilón”, “Misteriosos asesinato en Manhattan” o “Broadway Danny Rose”, por poner algunas) pero “Maridos y mujeres” era una de sus películas que no me acaba de llegar. El tema de la relaciones maritales  y sentimentales siempre ha estado muy presente en gran parte de la filmografía de Allen (pero en muchos casos no era el único centro, como pasa en “Misterioso asesinato en Manhattan” por ejemplo) pero en esta era un eje tan evidente y se veía tan… viejuno. Sí, me parecía una película de viejunos (y la verdad, me lo sigue pareciendo). Cuarentones y cincuentones en crisis; pufff,  no conseguía sentirme involucrado, la verdad. Encima su cámara en mano (recurso copiado por muchos cineastas en los noventa que intentaban hacer supuestas películas maduras), a pesar de ser un estilo que me suele gustar, aquí me acababa cansando. Tampoco me acababa de llegar el mostrar las tripas de lo que estaba siendo una relación en crisis (Allen – Farrow), aunque suele ser interesante eso de exorcizar demonios a través del arte.

Pero, ya hace unos años, empecé a apreciar cada vez más esta película. Empecé a ver hacía lo que, en muchos casos, vamos; a entender muchas de sus escenas; a verme (o ver gente) reflejado en algunas actitudes, formas de ser o estilo de vida (ese aire urbanita tan propio de la clase media aunque eso está en casi todas las películas de Allen); a conocer gente que está cercana a esas edades (aunque yo aún este lejos); a, en definitiva, darte cuenta que (estemos o no casados) muchos podemos terminar siendo “Maridos y mujeres”. Sí, cuando entiendes “Maridos y mujeres” es que, poco a poco, puedes terminar por convertirte en tus padres. Enhorabuena.

Labordeta.

No pensaba hacer ninguna entrada pero me ha sorprendido, para bien, la repercusión que ha tenido el fallecimiento de José Antonio Labordeta, tanto a nivel autonómico (algo lógico) como nacional. Labordeta… admito que nunca he sido seguidor suyo o he estado apenas interesado en su faceta como músico o cantante. Es decir, siempre lo conocí desde su faceta política (tampoco como escritor o docente). Es más, dentro del tema musical tengo que confesar que no sabía (hasta hoy), y soy aragonés (aunque esto, quizá, lo ponga en duda), que “Canto a la libertad” estaba considerado de forma popular el himno aragonés. En serio (qué vergüenza…). Bueno, lo que digo, a Labordeta siempre lo tuve desde una perspectiva política aunque sabía que tenía un pasado musical. Labordeta como político siempre pareció cercano, accesible, por eso, quizá, tantos comentarios lamentando su muerte. También, creo yo, porque siempre fue un político que nunca tuvo que decir un Diego donde había dicho un digo. Y, sobre todo, para bien o para mal por aquella famosa escena en que decidió enviar a la mierda a parte del grupo popular. Se puede estar más o menos de acuerdo con sus ideas políticas (yo llegué a votar a la CHA hace muchos años y, en un 95%, se debió a su figura) pero como persona transmitía  el saber estar de las personas que nada se deben y nada se tienen que reprochar. Yo, la verdad, hoy lo que he recordado de él (además de alguna intervención antes mencionada), han sido algunas escenas fuera de foco. Es decir, recuerdo que alguna vez lo había visto saliendo de la compra en algún supermercado de Zaragoza o de El Corte Inglés con su familia. Esas imágenes tan costumbristas creo que definen muy bien como debía ser, no tuve la fortuna de conocerlo en persona, un tipo normal. Y esto no es una obviedad aunque pueda parecerlo. También he recordado su “País en la mochila”, su gusto por lo popular y la tradición bien entendida. Voy a terminar con una gran frase que acaba de colocar un contacto mío en Facebook: “uno de los principales culpables de que a los aragoneses se nos quiera en todos los sitios“, amén.

P.D. Como curiosidad, que apunta la Wikipedia, le dio clase a Federico Jiménez Losantos.

La comicteca: Lupus.

Lo primero, aclarar que este cómic nada tiene que ver ni con la enfermedad ni con House ¿ok? Perfecto. Aclarado esto, ¿de qué va pues? ¿Por qué ese título? Pues el título del cómic tiene que ver con el principal protagonista del relato, Lupus. Sí, Lupus, extraño nombre el que se le ocurrió al autor Frederik Peeters tanto para el protagonista como para dar nombre al relato. Frederik Peeters (Ginebra, 1974) es uno de los jóvenes autores europeos que llevan un tiempo despuntando en el ámbito del cómic. Es el autor de la autobiográfica y premiada “Píldoras azules“, y aunque en principio esta obra, Lupus, parezca un cambio de tercio en temática en el fondo no lo es tanto.

Lupus, empieza a narrando la historia de dos amigos (Tony y Lupus) que se dedican a recorrer el universo para, básicamente, practicar la pesca en los planetas más curiosos y ponerse de drogas hasta las cejas, hasta que en uno de los planetas en el que están recogen a una chica desconocida llamada Sanaa (sí, muchos de los nombres se las traen), que a Lupus le ha hecho un poco tilín, y que terminará por dar un vuelco extraño a su viaje. ¡Ah!, ¿no había mencionado que esto es ciencia-ficción? Pues sí, se trata de un relato de ciencia-ficción espacial (un road cómic espacial, como también lo han definido algunos), aunque conforme avanza la trama vemos que la ciencia-ficción (los planetas, tecnologías, etcétera) no son más que una forma de dotar a la historia de un paisaje diferente y extraño (pero muy interesante como, por ejemplo, el planeta de abuelos) a lo que en el fondo no deja de ser una exploración muy humana y cercana, la búsqueda de uno mismo. Peeters es un autor completo, con lo cual se dedica a guión y dibujo, y en ambos destaca o realiza una notable labor. Su dibujo, a la vez, claro y expresivo se dedica a apoyar la entretenida e interesante historia, haciendo que los álbumes se lean con una rapidez (y avidez) pasmosa (yo llevo dos álbumes, leídos en dos pequeños ratos libres, de un total, publicados en España, de 4). Una buena lectura para pasar un buen rato sin la sensación de que a uno le hayan tomado por tonto (al contrario, siente uno que estimula su cerebro), ¿qué más se puede pedir? Ahí queda la recomendación de hoy, con la Peeters parece decir que aunque el universo es grande, fascinante y desconocido, a nuestro lado tenemos algo tan grande, fascinante y, en muchos casos, desconocido como son las personas.