La comicteca: Planetary

Por fin. Por fin se ha editado, hace unas semanas, el último tomo de la serie Planetary en España.  Hace ya más de un año que terminó el periplo de esta guadianesca serie en EE.UU. pero si no eres muy ducho con el inglés o no has podido conseguirla de importación estarás de enhorabuena si sigues la serie (seguramente lo estás aunque cumplas lo anterior).

La serie comenzó su periplo hispánico en marzo de 2000 (en EE.UU. comenzó casi un año antes, abril de 1999) y presentaba el argumento de un -extraño- grupo de arqueólogos que se dedica, bajo las ordenes de un misterioso cuarto hombre, a investigar y catalogar los misterios o la historia oculta del mundo. La multimillonaria organización recibe el nombre de Planetary. La serie se abre con el no menos misterioso Elijah Snow, un hombre que tiene la edad del siglo (nació en 1900) ya que envejece muy lentamente y, además, tiene la capacidad de manipular la temperatura, Snow es reclutado por Jakita Wagner (una mujer con enorme fuerza y una muy baja tolerancia al aburrimiento) para que trabaje en Planetary. Junto a ellos dos terminará formando el trío oficial, el llamado grupo de campo, un extraño personaje que responde al nombre de “El batería” (The Drummer, en inglés) que tiene la particularidad de hablar o interactuar con las maquinas. Como ves el argumento es interesante y extraño/raro a partes iguales.

Así desfilaban, en inicio, ante nuestros ojos una serie de capítulos autoconclusivos en los que se indagaba en esa historia oculta del mundo y en los que se empezaba a ver una de las características de la serie: la multitud de homenajes y referencias a la cultura popular del siglo XX, ya sea cine, literatura, cómic, videojuegos, etcétera. Así no es difícil ver homenajes/referencias a Doc Savage, al cine oriental, a los 4 fantásticos, Nick Furia, Marilyn Monroe, el Área 51, personajes insignia de DC (Superman, Wonder Woman o Green Lantern), la literatura pulp de los años 40 y 50, Tarzán, Sherlock Holmes, Julio Verne (estas dos últimas, referencias decimonónicas), John Constantine, Spider Jerusalem, Expediente -X, Arthur Clarke, Matrix, Alan Moore, Grant Morrison, incluso a Ryu del Street Fighter (¿no me digáis que el personaje del segundo número no es claramente él?) entre otras muchas, muchísimas, referencias.

Si solo fuera una serie basaba en homenajes o relecturas postmodernas de referencias populares ya sería una buena serie pero además la serie no se basa solo en eso, conforme va avanzando nos va revelando una trama de misterios y conspiraciones entorno a los personajes principales, ese cuarto hombre, el grupo llamado los Cuatro, y los misterios que tienen que investigar. Estos misterios tienen un punto culminante en el número 12 de la colección, en lo que podríamos considerar el primer ciclo de la serie y que está recopilado en un bonito tomo por Norma Editorial.

La serie nació de la cabeza de Warren Ellis (1968, Inglaterra, no confundir con el músico de los Bad Seeds) con una duración determinada, en principio pensaba en unos 24 ó 26 números que al final han sido 27 (ha contado con un epílogo). Ellis pertenece a esa estirpe de guionistas ingleses (Grant Morrison, Mark Millar, Alan Moore, Garth Ennis, etcétera) con esa capacidad para conformar historias interesantes, con buenos diálogos, algo de mala baba y con gusto por la conspiratoria gubernamental.

Y si nació de la cabeza de Ellis tomó forma en los pinceles de John Cassaday (1971, EE.UU.), en lo que es el trabajo que le catapultó a la fama dentro del mundillo y le llevó a convertirse en uno de los mejores dibujantes americanos de la actualidad. Dibujante claro y vistoso además de un grandísimo narrador, en Planetary hace un trabajo enorme, además de poder verse la evolución completa de un autor desde sus primeros y algo vacilantes pero interesantes números a los últimos, realmente espectaculares. Como ha quedado claro ambos han tenido una sinergia perfecta que ha repercutido, para bien y para mal, en la serie. Para bien porque todos los números están realizados por ellos con enorme dedicación y cuidado, para mal porque al estar realizados todos los números por ellos y debido a otros muchos trabajos hizo que esta serie se resintiera y no haya terminado hasta ¡10 años después de su inicio!

Pero eso ya es el pasado. La serie ha terminado, algunos ya saben su final, en mi caso no (y soy de los que empecé y tengo la serie en grapa con Planeta). Estoy a la espera de hacerme con ese tomo que ha publicado Norma hace unas semanas; no sé como terminará pero muy mal tendrían que haberlo hecho para que cambie mi percepción de que he tenido el placer de leer una de las mejores series (y no me refiero solo al ámbito del cómic) que ha dado esta década.

P.D. Como curiosidad me gustaría destacar el gran trabajo de Cassaday en las portadas, característica algo olvidada -por desgracia- en muchos cómics actuales desde hace años. Aquí las portadas, en muchos casos, intentan ser originales a la par que en muchos casos son un homenaje o referencia a la historia que hay en el interior. Es algo que pone de manifiesto lo que han cuidado, los autores, esta serie.

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La comicteca: Lupus.

Lo primero, aclarar que este cómic nada tiene que ver ni con la enfermedad ni con House ¿ok? Perfecto. Aclarado esto, ¿de qué va pues? ¿Por qué ese título? Pues el título del cómic tiene que ver con el principal protagonista del relato, Lupus. Sí, Lupus, extraño nombre el que se le ocurrió al autor Frederik Peeters tanto para el protagonista como para dar nombre al relato. Frederik Peeters (Ginebra, 1974) es uno de los jóvenes autores europeos que llevan un tiempo despuntando en el ámbito del cómic. Es el autor de la autobiográfica y premiada “Píldoras azules“, y aunque en principio esta obra, Lupus, parezca un cambio de tercio en temática en el fondo no lo es tanto.

Lupus, empieza a narrando la historia de dos amigos (Tony y Lupus) que se dedican a recorrer el universo para, básicamente, practicar la pesca en los planetas más curiosos y ponerse de drogas hasta las cejas, hasta que en uno de los planetas en el que están recogen a una chica desconocida llamada Sanaa (sí, muchos de los nombres se las traen), que a Lupus le ha hecho un poco tilín, y que terminará por dar un vuelco extraño a su viaje. ¡Ah!, ¿no había mencionado que esto es ciencia-ficción? Pues sí, se trata de un relato de ciencia-ficción espacial (un road cómic espacial, como también lo han definido algunos), aunque conforme avanza la trama vemos que la ciencia-ficción (los planetas, tecnologías, etcétera) no son más que una forma de dotar a la historia de un paisaje diferente y extraño (pero muy interesante como, por ejemplo, el planeta de abuelos) a lo que en el fondo no deja de ser una exploración muy humana y cercana, la búsqueda de uno mismo. Peeters es un autor completo, con lo cual se dedica a guión y dibujo, y en ambos destaca o realiza una notable labor. Su dibujo, a la vez, claro y expresivo se dedica a apoyar la entretenida e interesante historia, haciendo que los álbumes se lean con una rapidez (y avidez) pasmosa (yo llevo dos álbumes, leídos en dos pequeños ratos libres, de un total, publicados en España, de 4). Una buena lectura para pasar un buen rato sin la sensación de que a uno le hayan tomado por tonto (al contrario, siente uno que estimula su cerebro), ¿qué más se puede pedir? Ahí queda la recomendación de hoy, con la Peeters parece decir que aunque el universo es grande, fascinante y desconocido, a nuestro lado tenemos algo tan grande, fascinante y, en muchos casos, desconocido como son las personas.

La comicteca: Muerte. El alto coste de la vida

Hablar de Neil Gaiman (1960, Portchester, Reino Unido) es hacerlo de una de las estrellas de este mundillo. Tipo conocido, con contactos famosetes como Tori Amos, sus obras son reconocidas (en muchos casos por su calidad) fuera de los círculos tebeísticos. Un guionista estrella y todo ello a pesar de que lleva años entregado a sus novelas (“Coraline” o “American Gods“) o a supervisar y/o ceder derechos a proyectos cinematográficos (“Stardust” o la citada “Coraline“). Resultando su trabajo en los cómics esporádico, siempre en proyectos más o menos especiales y, la verdad, lejos de los grandes resultados de sus mejores obras. Como esta de la que me ocupo hoy.

Muerte. El alto coste de la vida” nació como un pequeño spin-off de lo que venía siendo la serie estrella de Gaiman en ese momento, The Sandman. Servía o estaba dentro del despegue de un nuevo sello de DC, Vertigo (por el ya lejano año 1993) que habría de convertirse en uno de los importantes del cómic mainstream norteamericano. En este cómic aparece uno de los personajes secundarios más queridos y apreciados de The Sandman, Muerte. Muerte era la hermana de Sueño (el principal protagonista de The Sandman). Muerte tiene la apariencia de una joven pizpireta de aspecto algo gótico o, como leí en algún sitio, el de una jovencísima Chrissie Hynde. Esta historia, en la que asume todo el protagonismo, cuenta como un día cada cien años Muerte toma cuerpo mortal para vivir como humana. Aquí tiene lugar un día de verano, en la Nueva York de principios de los noventa. La historia narra, con esa forma de cuento para adultos que caracteriza al mejor Gaiman, como Muerte experimenta lo que es la vida; como su presencia marca a algunos personajes (el principal un joven adolescente llamado Sexton Furnival) o despierta la atención de otros seres misteriosos que saben de su presencia y que por un motivo u otro quieren llegar hasta ella. En el fondo el cómic toma el universal tema de que lo bello de vivir está en su aire finito y de que hay que vivir cada momento porque es único. Como bien se expresa en un momento del cómic:

– Oh, fue maravilloso había mucha gente. Respiré y comí… e hice toda clase de cosas. Ojalá no tuviera que acabar así…

– Siempre acaba. Eso es lo que le da valor.

Si en el guión Gaiman está a la altura de sus mejores momentos en The Sandman, en el dibujo tiene un compañero en consonancia. Acostumbrados a la irregularidad de algunos dibujantes en The Sandman, aquí cuenta con Chris Bachalo que realiza uno de los mejores trabajos, sino el mejor, de toda su carrera (es de recibo destacar el entintado de Mark Buckingham y el color de Steve Olif). Con un estilo claro a la vez que personal y expresivo, consigue la imagen definitiva del personaje de Muerte. Además contamos con las habituales y magníficas portadas de Dave McKean, con lo que el conjunto hace un cómic sobresaliente. Uno de los mejores trabajos de Gaiman, que se lee bien sin necesidad de conocer las referencias previas a la serie madre (The Sandman), y una de esas obras de referencia dentro del noveno arte. Con la buena y económica edición de Planeta ya no hay excusa (viene con el extra de una historieta complemento, con Muerte, sobre la utilizacion del preservativo para la prevención del Sida) para hacerse con él.

La comicteca: The Originals

Bok y yo estabamos deseando que terminase el colegio. Decir adiós a los viejos edificios, a los viejos profesores, a las viejas lecciones. Nos dicen que los jóvenes deberiamos estar agradecidos de vivir en este mundo. Agradecidos de que nuestros padres hubieran luchado en una guerra. Agradecidos de que la ganasen. Agradecidos de que hubieran retirado todas la armas. Pues muchas putas gracias, papá. Pero queremos vivir en nuestro propio mundo, no en el vuestro.”


¿Quién no ha tenido 17 años y ha querido rebelarse, de un modo u otro, contra el mundo? Pues de eso a grandes rasgos trata “The Originals“, esta novela gráfica de Dave Gibbons (14 de abril de 1949) publicada dentro del sello Vertigo de DC. Gibbons será conocido por muchos por su, inolvidable, trabajo en “Wacthmen” junto con Alan Moore. Aquí ejerce de autor completo para entregarnos un cómic entretenido en el que narra la historia de Lel y Bok, dos adolescentes cuya máxima aspiración es ser Originals. Los Originals es una especie de banda callejera que remite, claramente, a los mods de los años sesenta y setenta. La obra tiene algunas particularidades más allá de una historia de bandas y rebeldía adolescente, con sus dosis de peleas (contra “los guarros” que serían los rockers), drogas y, claro está, chicas. La mayor de estas particularidades es que no queda claro -Gibbons no se molesta en explicarlo- si esta historia está ambientada en un pasado alternativo o en un futuro de aire retro, ya que presenta ambientes, ropas y arquitecturas propias de las épocas nombradas (sesenta y setenta) junto con elementos de aire retrofuturista (fundamentalmente las “motos”, algunas arquitecturas y vestimentas). Así que ahí juega con un elemento ambiguo que deja a la imaginación del lector. Por lo demás no deja de ser una historia típica, entretenida pero algo tópica, de rebelión adolescente y el cambio a una cierta ¿madurez?

Como digo, Gibbons aquí ejerce de autor completo. Como guionista es correcto, usando el personaje principal de Lel como narrador de la historia pero sin abusar de los textos de apoyo. Quizá no abusa porque como grandísimo dibujante que es sabe como hacer que una historia avance sin que los textos la lastre. Usa los textos de apoyo de forma justa y sin alardes, dejando que el dibujo haga el resto. Y qué dibujo. Como digo, Gibbons es un grandísimo dibujante y gran narrador (no tienen porqué ser conceptos homólogos) que aquí utiliza el blanco y negro para dar un aire cinematográfico a la obra (aunque esto quiera ser un cumplido hay que decir que ya le gustaría a más del 50% de los cineastas narrar con la cámara como lo hace este señor con su lápiz).

Resumiendo, no es una obra maestra -no se puede ni llegar a calificar de excelente- pero es una obra muy entretenida e interesante. Que sirve para pasar un buen rato (se lee en un pis-pas), por lo que me parece bastante recomendable.

La comicteca: Torso

Hablar de Brian Michel Bendis (Cleveland, Ohio, EE.UU, 1967) en la actualidad es hablar de uno de los guionistas más conocidos dentro del cómic mainstream estadounidense, pero también uno de los que más polémica genera respecto a la calidad de sus trabajos. Para mi no cabe duda de que el tipo sabe hacer su trabajo y cuando quiere (Daredevil, Alias o Powers) lo hace muy bien. Pero estoy hablando del ahora y para hablar de esta obra hay que retroceder 10 años. Entonces Bendis era un guionista y escritor de novela negra o policíaca que empezaba a generar interés por sus trabajos Jinx o Goldfish. Es en esta época cuando realiza el cómic del que hablo hoy.

Torso esta basado en hechos reales. Narra la historia de la persecución del primer asesino en serie de los Estados Unidos en la ciudad de Cleveland. Es lo que se conoce como la “leyenda negra” de Cleveland. Bendis natural de la zona conocía la historia, además trabajó -raelizando historietas- en uno de los periódicos de la ciudad que tenía un gran fondo documental sobre la historia que después iba a narrar, lo que le permitió documentarse bien. Lo de Torso viene porque las víctimas aparecían descuartizadas, el asesino solo dejaba practicamente el torso de las mismas (sin manos, pies y cabeza) haciendo su reconocimiento casi imposible. Nos narra como un recién llegado Eliot Ness -tras su paso por Chicago- tiene que ocuparse de este caso debido a la presión social y la popularidad que alcanza el mismo (cuando teóricamente había sido contratado para limpiar el departamento de policia de la corrupción que sufría, en lo que se suponía que iba a ser el inicio de una carrera política a la alcaldía). Para ello colaborará con los detectives asignados al caso, los detectives Walter Myrlo y Sam Simon.

Bendis ayudado por su amigo y guionista -también originario de Cleveland- Marc Andreyko, realizan una crónica negra que va más allá de la mera detención del asesino. Vemos la corrupción, la pobreza de algunos barrios, vemos como la policía no sabe muy bien hacía donde ir o como resolver el caso (esto no es CSI), los dilemas morales a los que tienen que enfrentarse de muchos de sus personajes, etc. Aunque parece que el protagonista tenga que ser Ness, son los detectives Myrlo y Simon los que llevan gran parte del peso del retrato. Son los que hacen de personajes identificativos del lector (personajes reales, no lo olvidemos), aunque Ness tiene también gran peso y vemos como su figura muestra sus luces y sombras (más allá de la estatura mítica que le otorgó “Los Intocables“).

La obra tiene gran parte de las características que han hecho popular -u odiado- a Bendis. El uso de la secuencia sin textos de apoyo, su habilidad para los diálogos (aunque a veces se le acuse de abusar de esta característica), el gusto por los interrogatorios (se nota que le encanta el desarrollarlos), la repetición o el plano contra plano (repite muchas planchas de dibujo en las conversaciones, un vicio que ha impuesto a la mayoría de dibujantes que han trabajo con él), las particulares composiciones de página (en algunos casos acertadas, en otros dificultando la lectura), etc. Todas estas características se encuentran en esta obra, en la que el propio Bendis se encarga del dibujo. Utiliza un muy apropiado blanco y negro, que va a la perfección con la estética de la obra y esconde sus evidentes carencias. Utiliza algunas imágenes o extractos documentales reales en sus páginas, lo que me parece un acierto. Al final de la obra tenemos un apéndice con más documentos y fotos de la época sobre este caso.

En fin una obra 100% Bendis, con sus aciertos y sus fallos pero -en general- una obra notable. Esta obra ganó un premio Eisner en 1999 y le supuso su salto al cómic mainstream ya que le gustó tanto a Todd McFarlane que lo fichó para su serie Sam & Twitch (después vendría su paso a Marvel y el convertirse en el guionista fetiche de la compañía en la actualidad).

En la web de Planeta DeAgostini o en librerías especializadas podéis encontrarlo.

La comicteca: Cuaderno de viaje

La siguiente obra de la que pensaba hablar en la comicteca iba a ser la maravillosa Blankets, la novela gráfica de Craig Thompson (EE.UU, 1975). Pero este fin de semana fui a la biblioteca a coger un par de cómics; y uno de esos cómics ha sido Cuaderno de viaje de Thompson. Se trata de la obra posterior a Blankets; una obra menor pero que obra menor. Ayer empecé a leerla por la noche en la cama y ya no pude parar hasta leerme enteras sus 224 páginas.

Cuaderno de viaje es eso mismo exactamente. Como el mismo Thompson explica en su introducción -y a modo de disculpa- “Este no es ‘mi siguiente proyecto’ sino más bien una obra secundaria y autocomplaciente. Un sencillo diario de mi viaje por Europa y Marruecos, del 5 de marzo al 14 de mayo del 2004“. Pues eso es, un recorrido de estampas, hechos y personajes durante el periodo que narra Thompson. Vemos su andadura desde que llega a Lyon (Francia) a casa de unos amigos; pasando por sus estancias en París (para cumplir con obligaciones profesionales); en Marruecos para documentarse para la que tiene que ser su próxima obra Habibi (y es donde tiene los mayores “encontronazos” culturales, vive una especie de relación amor-odio con el país); su vuelta a Francia para su visita a los Alpes además de Montpellier (donde vive -el autor- Lewis Trodheim), Toulouse (donde coincide con otro dibujante/autor, Blutch) o Marsella; para al final terminar en Barcelona con motivo del Salón del Cómic donde disfruta de la arquitectura de Gaudí y la compañía femenina (se lo pasa bastante bien durante su estancia).

Son interesantes las estampas que retrata con sus comentarios y reflexiones. Consigue -en la mayoría de los casos- esquivar los tópicos del turista viajero. Como él mismo dice no deja de lado su autocomplacencia y autocompasión, que -en mi caso- hace que me sienta muy identificado con él (quizá también tenga que ver que cuando hizo esta obra tenía casi la misma edad que tengo yo ahora). Me encantan los “pequeños” detalles, como las visitas o encuentros con compañeros de profesión -y amigos- como Blutch (sus conversaciones sobre las musas artísticas son interesantes), Lewis Trodheim, Charles Burns, Mike Allred, Charles Berberian, etc; o los guiños musicales a Jesus and Mary Chain o The Flaming Lips. También me resulta interesante como lo que es el reflejo de un periodo de tiempo en la vida de una persona en su traslado al cómic parece adquirir su categoría de historia concreta con su inicio y su final, como se dice muchas veces la vida superando a la ficción. Es más a su final parece dejar un especie de mensaje -al menos para mí- de que hay que disfrutar de las cosas de la vida cuando ocurren o como vienen.

Pero todo esto no sería lo que es (¡toma frase redundante!) si no fuera por el increíble dibujo de Thompson. Su dibujo -en blanco y negro- es de un realismo expresionista maravilloso. Su trazo tiene la capacidad de captar de forma personal los rostros y personas anónimas; las arquitecturas (es espectacular como capta Marruecos o la arquitectura de Gaudí); los animales -con gran fijación por los gatitos-; o la naturaleza. El dibujo tiene una fuerza expresiva y una personalidad que hace que me muera de la envidia, lo que daría por dibujar como él.

En fin una obra que a mi me ha encantado, que no deja de ser un mero pasatiempo del autor pero a veces las obras menos pretenciosas son de las que más se disfrutan. Es más, esta tarde tengo pensado el ir a comprármela.

La comicteca: Maus

Las dos obras de cómic que he reseñado hasta ahora no se pueden considerar obras maestras u obras clásicas (es más algunos pueden cuestionar su calidad), aunque -en mi opinión- son notables. Pero la obra que reseño hoy… Esta, amigos, está considerada uno de los clásicos de este medio. Es una de esas obras que dan lustre, que el fan del cómic enseña con orgullo -o presta- al que no ha leído un cómic en su vida o piensa que es un medio infantil. Como pasa con Watchmen, The Sandman, Mort Cinder, Palomar, etc. Es un puntal por premios, por fama y -algo que no hay que olvidar- por calidad.

Maus es la obra de Art Spiegelman (nacido en Estocolmo aunque es estadounidense). Spiegelman es lo que puede considerarse uno de esos autores underground. Su carrera empieza a finales de los 60, cuando el cómic underground explotaba con autores como Robert Crumb o Gilbert Shelton. A pesar de que sus cómics y su figura empieza tener cierta entidad en los círculos comiqueros durante los 70, no será hasta esta obra cuando se convertirá en un referencia a nivel global (yo soy el primero que si no fuera por Maus probablemente nunca me hubiera interesado por Spiegelman). Obra que publica -de forma serializada- a principios de los años 80 dentro de la revista Raw, revista que editaba el propio Spiegelman junto a su esposa, Françoise Mouly.

Maus atesora gran parte de su fama por ser el único cómic que ha ganado el premio Pulitzer en 1992. Premio merecido pero que no quiere decir que no haya habido otros cómics que lo hayan merecido menos que este. ¿Y por qué todos estos premios, este revuelo? Pues porque es un gran cómic, es un enorme cómic.

En este cómic Spiegelman nos narra la historia de su padre -Vladek Spiegelman- durante la Segunda Guerra Mundial y su estancia en Auschwitz. Es la historia de Vladek en los meses previos al estallido del conflicto en Polonia y el posterior desarrollo del mismo hasta la finalización. Narra la historia de amor de su padre y su madre, las historias calamitosas de los campos de concentración, la barbarie de la guerra, lo mísero de la especie humana, etc. Esta obra solo por el hecho de narrar la historia -verídica, no lo olvidemos- del padre de Art en la Segunda Guerra Mundial ya sería una obra enorme, pero tiene una serie de aspectos en su estructura y en la interacción de personajes que la hacen la obra maestra que es. Tiene la característica en su estructura de que mientras narra las aventuras de Vladek, el mismo Art va narrando sus conversaciones con su padre y su dificultad para realizar o afrontar la obra. Estas conversaciones aportan lo que quizá -al menos para mí- es lo más sobresaliente de esta obra, el contrapunto que ejerce la relación de Art y su padre Vladek. La relación padre e hijo, donde se muestra el enorme salto generacional. Donde vemos a Vladek con sus luces y sus sombras, vemos un proceso de descubrimiento de la figura paterna a la par que lo hace Art. Art empieza a descubrir -analizar- a su padre y su relación. Vemos como Vladek a pesar de sus penurias de la guerra, es un personaje arisco, hosco e, incluso en algunos casos, intolerante con otras minorías o etnias. Es un ejercicio sobresaliente y encomiable, Art muestra a su padre -y su relación- sin ambages y sin medias tintas; no pretende ensalzar su historia o su figura. Como bien han dicho en otros artículos, realiza una disección de la psique del superviviente del Holocausto.

En el aspecto técnico Spiegelman dibuja en su habitual blanco y negro, y utiliza caracterizaciones animales para los diferentes personajes. Así los judíos son ratones, los alemanes son gatos, los polacos cerdos, etc. Aunque esto son -o se ven- metáforas evidentes no deja de ser un aspecto, mas o menos, anecdótico de la obra.

En mi caso tengo la edición de hace unos añitos de Planeta DeAgostini, dentro la que fue la colección Trazado. Esta edición estaba medianamente bien pero tenía una serie de fallos: el pixelado de la portada, las escalas de grises del dibujo interior o el no reseñar que la traducción recoge de forma un tanto peculiar los giros idiomáticos de Vladek (que se traduce en una mala conjugación de verbos en la mayoría de los casos). La última edición de Random House Mondadori corrige algunos de estos fallos.

Solo deciros que os hagáis con este cómic, uno de los mejores relatos sobre el Holocausto (en este o cualquier otro medio). Un enorme relato sobre la naturaleza humana, reverenciado por gente del calado como Umberto Eco. No es para menos.